QUIERO que los ciudadanos sean conscientes de la falta de respeto que los “nuevos valencianos” tienen por nosotros. Barberá, la alcaldesa, así definió a los grandes magnates que apostaban por Valencia para celebrar grandes eventos. A Bertarelli (el propietario del Alinghi – uno de los equipos participantes en la America’s Cup) se le ha tratado en esta ciudad como un hijo prodigo que vuelve a casa tras conseguir hazañas inimaginables. “Todos los valencianos somos del Alinghi, porque una victoria suiza nos asegura ediciones de la Copa durante muchos años”, y lo afirmó Barberá con los brazos en jarras y esa bravura que le caracteriza en la final de la 32 edición de la Copa.
CONTAR o especular, porque teóricamente la 33 edición de la America’s Cup empieza el día 8 en aguas valencianas, pero no lo sabemos. Faltan pocos días y tras dos años de litigios judiciales (gracias a la invención de Francisco Camps del “sindicato español”) seguimos sin tener claro si BMW Oracle fabricó sus velas en Benifaió o en Massalfassar. Esta es la última, un juez tiene que decidir si valen o no, y luego Rita dice que es el PSOE quien judicializa la vida política, y que la queremos ver salir esposada del Ayuntamiento.
No se vosotros, pero yo no entiendo nada. Valencia organizó la 32 edición de la America’s Cup porque fue la ciudad que más dinero puso sobre la mesa, la que más ofreció a ese exclusivo mundo de los yates y las fiestas para que se encontraran mejor que en su propia casa y el pago que la ciudad recibe es el desprecio y la irresponsabilidad. La alcaldesa dice que aunque sea una Copa light va a ser “la más espectacular” y que ese calorcito que hoy le seguimos dando es inversión para que la buena, la completa, la 34 edición vuelva a disputarse en aguas valencianas. Bueno pues ahora tendremos que ser de los americanos, porque son los únicos que negro sobre blanco nos aseguran que si ganan se quedan, los suizos se lo están pensando (a pesar que Rita y Camps ya le han regalado la Senyera para que ondee en el mastil como si barco valenciano fuera).
Para la información pura y dura (sin estas mis valoraciones) la podéis encontrar en el diario Superdeporte, de la pluma de J.V. Belda bajo el epígrafe “Una edición sin precedentes” (enlace). La mejor valoración (desde mi punto de vista) en el artículo que el pasado domingo publicaba Pedro Muelas en el Levante-emv con el título “Las regatas del desdén”.
CONTIGO estas cosas no pasarían. Valencia puede y debe acoger eventos de cualquier índole, pero no a cualquier precio. La ciudad y los ciudadanos merecemos un respeto que nuestros gobernantes no se han sabido ganar. El dinero puede comprarlo casi todo, pero la sumisión constante a los caprichos siempre tiene el efecto contrario al que se pretende. Un gobernante tiene y obtiene autoridad y prestigio cuando defiende, admira y venera a sus gobernados. Barberá se ha equivocado de prioridad, la America’s Cup necesita más a los valencianos que los valencianos a ella.
QUIERO que los ciudadanos sean conscientes de la falta de respeto que los “nuevos valencianos” tienen por nosotros. Barberá, la alcaldesa, así definió a los grandes magnates que apostaban por Valencia para celebrar grandes eventos. A Bertarelli (el propietario del Alinghi – uno de los equipos participantes en la America’s Cup) se le ha tratado en esta ciudad como un hijo prodigo que vuelve a casa tras conseguir hazañas inimaginables. “Todos los valencianos somos del Alinghi, porque una victoria suiza nos asegura ediciones de la Copa durante muchos años”, y lo afirmó Barberá con los brazos en jarras y esa bravura que le caracteriza en la final de la 32 edición de la Copa.
CONTAR o especular, porque teóricamente la 33 edición de la America’s Cup empieza el día 8 en aguas valencianas, pero no lo sabemos. Faltan pocos días y tras dos años de litigios judiciales (gracias a la invención de Francisco Camps del “sindicato español”) seguimos sin tener claro si BMW Oracle fabricó sus velas en Benifaió o en Massalfassar. Esta es la última, un juez tiene que decidir si valen o no, y luego Rita dice que es el PSOE quien judicializa la vida política, y que la queremos ver salir esposada del Ayuntamiento.
No se vosotros, pero yo no entiendo nada. Valencia organizó la 32 edición de la America’s Cup porque fue la ciudad que más dinero puso sobre la mesa, la que más ofreció a ese exclusivo mundo de los yates y las fiestas para que se encontraran mejor que en su propia casa y el pago que la ciudad recibe es el desprecio y la irresponsabilidad. La alcaldesa dice que aunque sea una Copa light va a ser “la más espectacular” y que ese calorcito que hoy le seguimos dando es inversión para que la buena, la completa, la 34 edición vuelva a disputarse en aguas valencianas. Bueno pues ahora tendremos que ser de los americanos, porque son los únicos que negro sobre blanco nos aseguran que si ganan se quedan, los suizos se lo están pensando (a pesar que Rita y Camps ya le han regalado la Senyera para que ondee en el mastil como si barco valenciano fuera).
Para la información pura y dura (sin estas mis valoraciones) la podéis encontrar en el diario Superdeporte, de la pluma de J.V. Belda bajo el epígrafe “Una edición sin precedentes” . La mejor valoración (desde mi punto de vista) en el artículo que el pasado domingo publicaba Pedro Muelas en el Levante-emv con el título “Las regatas del desdén”.
CONTIGO estas cosas no pasarían. Valencia puede y debe acoger eventos de cualquier índole, pero no a cualquier precio. La ciudad y los ciudadanos merecemos un respeto que nuestros gobernantes no se han sabido ganar. El dinero puede comprarlo casi todo, pero la sumisión constante a los caprichos siempre tiene el efecto contrario al que se pretende. Un gobernante tiene y obtiene autoridad y prestigio cuando defiende, admira y venera a sus gobernados. Barberá se ha equivocado de prioridad, la America’s Cup necesita más a los valencianos que los valencianos a ella.
QUIERO mostrar mi sorpresa ante la noticia sobre el secuestro de la hermana de Eduardo Zaplana. El viernes abría edición valenciana de
QUIERO que la política sea la actividad humana que tiende a gobernar o dirigir la acción del estado en beneficio de la sociedad – tal y como se define en
La última maniobra de Administración y Gerencia de Ondas 13, empresa que gestiona la Televisión Municipal de Valencia (TMV) roza en mi opinión la temeridad profesional y económica. Es cierto que la empresa de José Luis Ulibarri, actual propietaria del 80% de las acciones, no está en sus mejores momentos ni económica ni judicialmente, de hecho ha cerrado otra de las cadenas que poseía en la ciudad, pero del nuevo dueño o dueña de la Televisión Municipal nada se sabe.
QUIERO pensar que cuando Camps y Barberá rescatan a Alonso y Massa de la gravilla de Cheste, no buscan restarle protagonismo a la convención del PP en Barcelona. ¿O sí?. Quiero pensar que no fue un montaje si no pura casualidad. ¿O no?. Quiero asegurar que pasear cabello al viento en un Ferrari no es la prioridad de nuestros gobernantes. ¿O sí?.

