QUIERO hoy sumarme a la celebración del Centenario del Levante UD. Los 100 años de una institución es momento siempre de conmemoraciones y homenajes, pero también de reivindicaciones, nuevas y viejas, y desde aquí voy a aprovechar para reclamar lo que creo le pertenece al levantinismo.
CONTAR que la conversión de los Clubs de Fútbol en Sociedades anónimas no ha mermado ni un ápice al menos en el Levante, el fervor del sentimiento levantinista. Es cierto que en comparación con otros clubs el Levante UD tiene un número menor de seguidores, pero ello no significa que el sentimiento no sea igual de intenso que el que otros sienten por sus colores. No sólo son los resultados deportivos los que marcan las trayectorias de los clubs, la gestión económica, el comportamiento de la afición, la de los trabajadores,….. imprimen el poderío y la clase de una entidad por encima de la categoría en la que deportivamente se este compitiendo.
El Levante UD como institución merece el respeto de los diferentes estamentos sociales. Las instituciones, la sociedad civil y los ciudadanos deben rendir honores a aquellos que, en la defensa de un sentimiento, trabajan por ofrecer lo mejor de cada uno para satisfacer los anhelos de un colectivo. Y el levantinismo ha dado a lo largo de estos 100 años continuas muestras de señorío, de fuerza, de vigor, de pasión.
No creo que a nadie se le escape el porqué de esta reivindicación, ni ponga en duda la validez de estas líneas cuando reclamo la igualdad de trato. La congoja de las derrotas y la alegría de las victorias no tienen sexo, ni raza, ni colores, están llenas de devoción y sensibilidad, de amor y afectividad, de ternura. Y esa entrega merece la más alta consideración por parte de todos.
Cuando se cumplen los 100 años del Levante UD es el momento también para reparar la injusticia histórica del franquismo para con el Levante UD, los levantinistas, los valencianos en particular y los demócratas en general. En el centenario de la institución no cabe más que exigir a las autoridades competentes el reconocimiento oficial del trofeo que el Levante UD le ganó al Valencia CF en el campo de Sarriá el 18 de julio de 1937: la Copa de la España Libre, más conocida como Copa de la República.
La decisión de la dictadura de Franco de anular los títulos de los torneos disputados entre marzo de 1936 y julio de 1939 en la España en la que se mantenía el Gobierno legítimo, fue una decisión política. Revocarla también debería serlo. Sin embargo la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ha hecho caso omiso a la instancia del Congreso de los Diputados para que así fuera.
Hace más de 70 años que la Copa de la Republica luce en las vitrinas del Club como prueba palpable de su consecución, pero todavía no figura de forma oficial en el palmarés del Club.
No quisiera hacer una proclama política, pero tampoco obviar que ha sido el Congreso de los Diputados con mayoría del PSOE quién después de 30 años de Democracia ha conseguido la unanimidad necesaria para que antes o después la RFEF se vea obligada a la validación del Trofeo. Y aquí todos debemos estar unidos.
CONTIGO conseguiremos que se entre en razón. Que yo sepa la RFEF es una institución democrática por lo que debe acatar y cumplir los mandatos de la que es la más alta representación de la voluntad política de los ciudadanos españoles.
No quiero terminar estas líneas sin el merecido reconocimiento al equipo femenino. A quienes creyeron en él, a quienes lo pusieron a caminar, a quienes lo mantuvieron, a quienes han trabajado para que el Levante Femenino sea un grande del fútbol español. No tienen 100 años de historia, pero tienen 100 historias de triunfos y dedicación. A ellas y a ellos mi más sincera admiración.








